2014(e)ko ekainaren 10(a), asteartea

EJEMPLOS DE DIETAS ABSURDAS.

- Comer antes de las ocho de la mañana adelgaza ya que, supuestamente, las calorías ingeridas antes de esa hora no cuentan, mientras que las ingeridas a partir de se momento sí importan. Los expertos invalidan completamente esta suposición aunque no consideran el tipo de dieta excesivamente peligrosa.

- Hacer un sola comida al día ayuda a perder peso. Si esta comida es hipocalórica se conseguirá una reducción de peso comparable al de este tipo de dietas pero lo habitual es que una persona que limite la ingesta a una sola vez cada 24 horas esté dispuesta a "comerse las piedras" y, en consecuencia, el efecto no será en absoluto adelgazante sino todo lo contrario.

- Los alimentos crudos evitan el aumento de kilos. Este tipo de dietas son consideradas peligrosas por los nutricionistas porque no se aprovechan plenamente las proteínas ni los microcomponentes de los alimentos, lo cual origina déficits nutricionales. Por otro lado, las carnes crudas son poco o nada recomendables desde el punto de vista sanitario por la posible presencia en ellas de parásitos o de contaminantes bacterianos.

- La dieta del jugo limón o del pomelo, tomado en abundancia en ayunas y a lo largo del día, es muy saludable según sus defensores porque argumentan que los ácidos de estos cítricos disuelven las grasas. En realidad, el exceso de ácidos puede resultar perjudicial para el organismo, especialmente para la dentadura y el supuesto de que esos jugos disuelven la grasa no tiene ninguna base científica.

-La dieta del ajo se popularizó hace unos años entre algunos colectivos de trabajadores de cocinas de restaurantes y hoteles, según revela el catedrático de Biología M. Alemany en su "Enciclopedia de las Dietas y la Nutrición" (Barcelona 1995). Más que un plan de adelgazamiento en el sentido estricto de la palabra, la dieta del ajo es una actitud psicológica. El procedimiento es el siguiente: se pela un diente de ajo y se inserta cuidadosamente en el ombligo de la persona "que va a seguir la dieta". Cada vez que el "paciente" siente que el vacío en el estómago se le agranda, se acuerda del ajo que lleva inserto y renuncia a picar entre horas. Alemany indica en su libro que este sistema ayudó a los cocineros a no caer en la tentación de tomar una porción de comida cada vez que hacían la prueba del guiso que estaban cocinando. El experto asegura que el sistema funcionó en algunos casos pero se pregunta si no hubiera sido igual colocar una avellana en el ombligo en lugar del diente de ajo. Al menos se evitaría el olor penetrante de la hortaliza...